Sitio de El Callao
La batalla de Ayacucho (1824) puso fin al virreinato peruano; sin embargo, José Ramón Rodil y Pampillo quien era para esa fecha el comandante militar de las fortalezas del Callao, se negó a acogerse a la capitulación de Ayacucho confiando en que aún podría recibir refuerzos de España. Asediado por tierra y por mar, en la Fortaleza del Real Felipe y los Castillos del puerto resistió un sitio de casi dos años; contaba para su defensa con los veteranos regimientos Real de Lima y Arequipa junto a los soldados independentistas desertores que se le habían unido. Se habían refugiado también en el Callao millares de civiles realistas que perecieron en gran número por hambre y enfermedad.
Finalmente el 22 de enero de 1826, cuando casi todos sus soldados habían muerto y los sobrevivientes se alimentaban de ratas, Rodil aceptó capitular ante el comandante del asedio el general venezolano Bartolomé Salom. La asombrosa resistencia del jefe realista mereció que Simón Bolívar dijera a Salom después del triunfo, cuando este último pedía la máxima pena para el jefe realista: “El heroísmo no es digno de castigo”. Rodil obtiene condiciones honrosas en la capitulación llevando consigo las banderas de sus regimientos que fueron las últimas en abandonar el Perú. Con la entrega del Callao, desapareció el último ejército español de América del Sur. Regresó a la península en 1826 como Mariscal de Campo por haber defendido heroicamente El Callao, y por sus méritos militares se le otorgó en 1831 el título nobiliario de marqués de Rodil.
Las imagenes siguientes fueron extraidas de "Memoria del sitio del Callao", escrita por José Ramón Rodil y Campillo, comandante militar de las fortalezas del Callao y corresponden al primer ofrecimiento de una Capitulación honroza por parte del General Bartolomé Salom.


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